domingo, 11 de septiembre de 2011

¿De dónde vienen los euros?

Me da miedo preguntarlo, pero deben venir de algún lugar soñado con un nombre extraño, como Falkenberg o Jönköping.

Durante las tardes de verano me encierro en mi habitación, lejos de mi familia y responsabilidades. El calor es insoportable. La cama está tibia por los pocos rayos de sol que se filtran a través de la persiana. Todo está en silencio. Es el mejor momento del día. Me acuesto y comienzo a pensar en los euros, billetes grandes extranjeros. Escucho su llamado, tan claro y limpio. Quiero apoderarme de sus raíces. Los hago vibrar con mi sangre. Imagino un montón de billetes esparcidos por la calle, volando. Pienso que en este momento un corredor de bolsa se desangra en el mercado de valores así como yo me desangro cada día en mi cama. Estamos heridos. Bancos mundiales y lobos se organizan. ¿Quién no salta de ansiedad al escuchar el tren pasar a la distancia? ¿Quién no llora pensando en las montañas del Tibet? ¿En las pirámides de Egipto? Yo lloro pensando en mis euros.

Es probable que enloquezca o muera pronto y vaya al lugar de dónde vienen los euros. Es imposible continuar así, tan vacío y tan solo.

No hay comentarios: