martes, 16 de junio de 2015

Siempre imaginé un vinculo mágico
entre algunos videojuegos
y mis objetivos del próximo año.
Como si ganando la final de alguno
se me fuera a cumplir determinado deseo.
En vez de trabajar seriamente en eso
ponía todo mi empeño, tiempo y ambición
en rescatar a la princesa.
Así me preparaba para las nuevas etapas,
en la más absoluta y hermosa soledad de Enero,
sólo yo y Abú y el desierto,
entrenando mi intelecto para los desafíos,
logros y derrotas que me esperaban.
Todos morimos un poco cada día.
La mente del verano se estaciona en un estado
entre la acción y la inacción.
Yo quiero ser el mejor este verano.
Cada vez que aprendo algo nuevo
empuja algo viejo en mi cerebro.
Esa es la voluntad de Dios: dotar y privar.

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