jueves, 17 de enero de 2013


Dispersos en la selva, desorganizados,
formando un picnic melancólico.
Cruzamos el pantano con una nevera de plástico helatodo
llena de latas de cerveza.
El viento nos volaba el pelo a veces.
Por el sendero de troncos llegamos a la pequeña cabaña,
nuestro nido de águilas.
De a poco sentimos como si estuviéramos reapareciendo.
Nuestra cama junto a la ventana
y poder ver televisión de la mañana a la noche
al modo de los príncipes persas.
Hay tanto por hacer y tan poco tiempo.
Ser tristes como Beethoven,
pero también ser japoneses en la tristeza.
Nos pasamos las noches planeando el futuro.
Nos arreglamos para el desayuno.
Hay tanto por cantar todavía,
tanto que entregarle al mundo.
Sólo dennos 30 o 35 años para recuperarnos.

martes, 15 de enero de 2013

Nuestras madres nos dijeron que algún día...

Nuestras madres nos dijeron que algún día
nos haríamos hombres,
que algún día nuestros nombres se encenderían
en la profundidad de la noche.

Sé que las cosas irán cada vez peor, pero no importa
porque también mejorarán.
¿Qué haremos el resto de los días?
Todas las noches me despierto, me pongo mi abrigo
de piel de camello, y camino hasta el farmacity,
entro, compro una cocacola y hago la fila
mientras pienso en todos y en nadie a la vez.
Si muriera hoy diría que desperdicié mi juventud.
Es nuestra obligación sentirnos agotados
y recordar los viejos tiempos.

Nuestras madres nos dijeron que los siglos
están de nuestro lado,
que algún día daríamos nuestro mejor concierto
frente a las puertas de los garages
hasta que las estrellas hayan huido.
No tenemos mucho tiempo.
Esta vida se acabará pronto.
Creo que voy a apagar la luz,
a encender la televisión y a rogar que pasen
un programa doble de "Vidas de famosos".
Amigo mio, no quisieras, a veces
vivir para siempre?