viernes, 8 de febrero de 2013


Cuando era joven mi piel era blanca como el papel.
Nunca estaba al sol.
Recuerdo claramente cómo era todo.
Vivía en casa de mi abuela.
Dormía en el living.  No tenía una habitación.
Durante la noche, desde mi cama,
podía oír el crujir del viejo mueble familiar
que contenía la vajilla de varias generaciones.
Afuera los gatos peleaban en los tejados.
Cada tanto mi abuela golpeaba fuertemente la pared.
En el ambiente todavía se podía sentir el aroma al café de la cena.
Se sentía bien ese orden nocturno, esa seguridad.
Yo luchaba por no dormirme,
por prolongar esos minutos antes del sueño.
Luchaba en silencio y petrificado, en la oscuridad,
para que la mañana no llegara tan rápido,
para demorar un poco el futuro,
arrebatador y sospechosamente trágico.

viernes, 1 de febrero de 2013


Petrificado con mi carro en el supermercado.
No quiero nada pero necesito de todo.
Camino lentamente hacia la esquina de los cereales.
Sólo ahí me siento seguro.
Miro las cajas coloridas y fuertes.
Ellas representan la salud y la felicidad
Pequeñas cajas de autoayuda.
Todos esos personajes dibujados,
 los animales antropomorfos,
como líderes de una antigua dinastía zen.
Ellos poseen la verdad.
La esperanza es lo mejor que tenemos, nos dicen.
Las cosas buenas duran para siempre.
Nos pasamos los días planeando el futuro.
El futuro nos hace confundirnos, pienso
mientras soy escoltado hasta afuera de las instalaciones.
Los fantasmas beben cocacola.
No nos queda mucho tiempo.

jueves, 17 de enero de 2013


Dispersos en la selva, desorganizados,
formando un picnic melancólico.
Cruzamos el pantano con una nevera de plástico helatodo
llena de latas de cerveza.
Por el sendero de troncos llegamos a la pequeña cabaña,
nuestro nido de águilas.
De a poco sentimos como si estuviéramos reapareciendo.
Nuestra cama junto a la ventana
y poder ver televisión de la mañana a la noche
al modo de los príncipes persas.
Hay tanto por hacer y tan poco tiempo.
Ser tristes como Beethoven,
pero también ser japoneses en la tristeza.
Nos arreglamos para el desayuno.
Hay tanto por cantar todavía,
tanto que entregarle al mundo.
Sólo dennos 30 o 35 años para recuperarnos.

martes, 15 de enero de 2013

Nuestras madres nos dijeron que algún día...

Nuestras madres nos dijeron que algún día
nos haríamos hombres y mujeres,
que algún día nuestros nombres se encenderían
en la profundidad de la noche.

Sé que las cosas irán cada vez peor, pero no importa
porque también mejorarán.
¿Qué haremos el resto de los días?
Todas las noches me despierto, me pongo mi abrigo
de piel de camello, y camino hasta el farmacity,
entro, compro una cocacola y hago la fila
mientras pienso en todos y en nadie a la vez.

Nuestras madres nos dijeron que los siglos
están de nuestro lado,
que algún día daríamos nuestro mejor concierto
frente a las puertas de los garages
hasta que las estrellas hayan huido.

Amiga mia, no quisieras, a veces
vivir para siempre?

miércoles, 19 de mayo de 2010


la gente que vive en el bosque no desea ser vista.
la gente que vive en el desierto sí,
espera ser encontrada y salvada.

Quiero morir por la mordida de un animal feroz…

Quiero morir por la mordida de un animal feroz
tal vez no un oso pardo ni un tigre de Siberia
si no uno insignificante, pero mortal.
Incluso podría ser una especie vegetal muy tóxica.
Quizás una especie que ni siquiera haya sido descubierta
y a la que después le pongan mi nombre.

En algún lugar del mundo, en las selvas, bosques,
desiertos, océanos, etc.
hay un animal desconocido para cada uno de nosotros
cuyas mordidas y ataques nos salvaran para siempre
de nuestros malos espíritus
como antídotos milagrosos pero devastadores.
Y a la vez nuestras mordidas fatales también
pueden tener en los otros
Grandes Poderes Curativos.

Hay que vivir buscando,
encontrar para ser encontrado,
viajar, expuesto, pieles rojas chillonas,
lleno de olores, de musculatura, de señuelos
como en “Leyendas de Pasión” con Brad Pitt,

Hay que vivir para ser mordido
y hay que vivir para morder.


pingüino francés
pingüino francés
¿por que tirar tu dignidad a un charco?
te imagino sin manos
escribiendo deforme en tu cuarto
las persianas bajas
y un balde de pescado fresco junto al teclado
las cartas de amor se contestan o se devuelven, pingüino francés
pingüino francés